Es verdad que los croatas ya no tienen aquella generación gloriosa de los Jarni, Suker o Boban, pero el seleccionador, Slaven Bilic, aquel central que se imponía por su juego aéreo, ha conformado un buen once, apañado, que tiene mucho nivel competitivo y orgullo, aunque, eso sí, le falta ser adornado por alguna estrella rutilante. Sólo el nombre de Luka Modric, el Cruyff croata, brilla en un conjunto que es eso, un bloque, ante todo.
Hay buenos porteros (Pletikosa) y experimentados defensas: Corluka, compañero de Modric en el Tottenham, Simunic o Lovren, al que conocemos del Lyon, o Pranjic. El centro del campo es bastante completo: Srna (Shakhtar) ya siempre suele jugar de interior, abandonando el lateral, con Vukojevic y el sevillista Rakitic, bien de mediocentro creativo, bien de interior izquierda. En el mediocentro se pierde un poquito, aunque, sea como fuere, Rakitic es el amo y señor de todos los balones parados y pieza fundamental en su país.
La delantera es amplia, numerosa, competitiva y con gol, experiencia y fuerza. Suele ser titular Eduardo da Silva, aquel 9 que estaba en el Arsenal, ahora en el Shakhtar, al que partieron la pierna en la Premier. Ahora, ya recuperado, suele compartir delantera con Olic o Mandzukic, un elemento emergente, del Wolfsburgo, al que se le está dando minutos últimamente. Perisic o Kalinic son otras de las múltiples opciones.
En definitiva, equipo sin nombres pero con muchos hombres. No sería de extrañar que pasase la primera fase, aunque nunca estará al nivel de la Croacia de Suker. Le falta mucho.
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